Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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miércoles, 7 de enero de 2015

Las zanahorias

¡Mañana cumplo un año! -anunció con orgullo Clara, la conejita blanca. ¿A que es muy emocionante?
-Lo es -respondió su hermano Peluso, porque yo también cumplo un año.
-¡Y yo! -dijo Manchitas.
-¡Y yo! -dijo Dentón.
-¡Y yo! -dijo Saltarín.
-¿Tendrán mamá y papá una sorpresa para nosotros? -preguntó Clara.
-¡Eso espero! -contestó Peluso, riéndose por lo bajo.
Su madre, desde la puerta, oyó a los conejitos hablar animadamente de su cumpleaños mientras se preparaban para irse a dormir. ¿Qué podía hacer para que mañana fuese un día especial? Estuvo dándote vueltas y por la noche, cuando su marido llegó a casa, le dijo:
-Mañana es el primer cumpleaños de los niños y se me ha ocurrido una sorpresa para ellos. Quiero hacer un pastel de zanahorias, así que necesitaré unas cuantas. ¿Podrías ir al huerto y arrancar las más frescas y hermosas que encuentres?
-Por supuesto, querida -respondió.
El señor Conejo estaba muy orgulloso de las zanahorias que cultivaba. Eran muy finas, crujientes y deliciosas. Todos los años las llevaba a la Feria Agrícola y casi siempre ganaban el primer premio. Así que os podéis imaginar su disgusto cuando llegó al huerto y se encontró con que le habían robado todas las zanahorias. Regresó a la madriguera y dijo a su mujer:
-¡Alguien nos ha robado las zanahorias! Voy a descubrir quién ha sido.
Y, aunque se estaba haciendo tarde, volvió a salir para averiguar quién había sido el malvado.
Primero se detuvo en casa de Liebre Hambrienta y llamó a la puerta con fuertes golpes.
-¡Alguien me ha robado las zanahorias! -dijo el señor Conejo. ¿Sabes quién ha sido?
-Sí que lo sé -respondió Liebre, pero yo no he sido.
Y por más que insistió, Liebre Hambrienta no dijo una palabra más. A continuación, el señor Conejo fue a casa de Zorro Listo. 
-¡Alguien me ha robado las zanahorias! ¿Subes quién ha sido? 
-Sí que lo sé -respondió Zorro Listo, pero tío no he sido.
Y por más que le rogó y suplicó, Zorro Listo no dijo una palabra más.
Así que el señor Conejo se dirigió a casa de Tejón Uñas y le preguntó si sabía quién le había quitado las zanahorias.
-Sí, claro que lo sé -respondió Tejón Uñas, pero yo no he sido.
Y al igual que los demás animales, ya no dijo una palabra más.
En todos los sitios pasó lo mismo, y aunque el señor Conejo se enfadó muchísimo y se puso a patalear, nadie quiso decirle quién había robado las zanahorias.
-Ya lo averiguarás por ti mismo -le dijo Ardilla Roja. Así que el señor Conejo se fue a casa sintiéndose perplejo.
-Al parecer, todos saben quién ha sido pero nadie me lo quiere decir -relató a su mujer.
-Todos no, querido -contestó ella. Yo tampoco lo sé. Lo único que sé es que mañana es el primer cumpleaños de nuestros hijos y no tenemos ninguna sorpresa para ellos.
Tristes y confusos, se fueron a dormir decididos a resolver el misterio por la mañana.
Al día siguiente, los conejitos entraron corriendo en la cocina, donde estaban desayunando sus padres.
-¡Feliz cumpleaños a todos! -exclamó Clara.
-¡Feliz cumpleaños a todos! -respondieron los demás conejitos.
-Es sólo un detalle, pero quiero daros un regalito a cada uno -prosiguió Clara-. Espero que no te importe, papó.
-Y de pronto sacó una caja de jugosas zanahorias, adornadas con un lazo, y las repartió entre sus hermanos.
-¡Atiza! -exclamó Peluso. Yo he tenido la misma idea -añadió, mientras sacaba otra caja de zanahorias.
-¡Yo también! -agregaron Manchitas y Dentón al unísono.
Y se formó un gran montón de zanahorias sobre la mesa de la cocina.
-¡Así que esto es lo que ha pasado con las zanahorias! -exclamó el señor Conejo lleno de asombro. ¡Y yo que pensaba que me las habían robado!
Y contó lo sucedido a los conejitos, que se rieron hasta dolerles el costado. Entonces, la señora Conejo se puso el delantal y los hizo salir de la cocina.
-Dejadme tus zanahorias a mí, que yo también os tengo preparada una sorpresa -les dijo.
Y así se resolvió el misterio. Lo que había ocurrido es que Liebre Hambrienta había visto como cada conejito cogía unas cuantas zanahorias cuando creía que nadie lo veía. Como sabía que pronto iba a ser su cumpleaños, se imaginó por qué lo hacían. Se lo contó a los demás animales y a todos les pareció que sería una broma estu-penda.
El señor Conejo se sentía avergonzado por haberse enfadado
con ellos cuando en realidad lo único que estaban haciendo era guardar un secreto. Así que decidió invitarlos a todos a una fiesta de cumpleaños esa misma tarde, lo que fue una gran sorpresa para los conejitos.
Pero lo mejor del día fue cuando la señora Conejo salió de la cocina llevando nada más y nada menos que ¡una enorme tarta de zanahoria!


0.999.1 anonimo cuento - 061

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