Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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jueves, 1 de enero de 2015

La zorra y la codorniz siembran a medias

Esto era una zorra y una codorniz que se pusieron de acuerdo para sembrar juntas un pegujal.
Llegó el tiempo de arar y fue la codorniz muy temprano en busca de la zorra:
-Zorrita, levántate, que hay que arar el pegujal.
Y la zorra, sin salir de su madriguera, le contestó:
-No puedo, no puedo, que estoy vistiendo a mi hermanito Juan. Ara tú, que yo binaré.
Se fue la codorniz y estuvo arando sola. Volvió otro día muy de mañana a casa de la zorra y le dice:
-Zorrita, levántate, que hay que binar.
-No puedo, no puedo, que estoy muy malita. Bina tú, que yo terciaré. Se fue la codorniz y estuvo binando sola. Otro día volvió también muy temprano y llamó a la zorra:
-Zorrita, levántate, que hay que terciar.
-No puedo, no puedo, que estoy cansadita. Tercia tú, que yo sembraré.
Se fue la codorniz y estuvo terciando sola. Volvió después a buscar a la zorra y le dice:
-Zorrita, levántate, que hay que sembrar.
-No puedo, no puedo, que estoy preñadita. Siembra tú, que yo arrejacaré.
Se fue la codorniz y estuvo sembrando sola. Pasó algún tiempo y volvió en busca de la zorra una mañana muy temprano; le dice:
-Zorrita, levántate, que hay que arrejacar.
-No puedo, no puedo, que pronto pariré. Arrejaca tú, que yo escardaré.
Se fue la codorniz y estuvo arrejacando sola. Y cuando terminó, volvió a visitar a su amiga y le dice:
-Zorrita, levántate, que hay que escardar.
-No puedo, no puedo, que estoy recién parida. Escarda tú, que yo segaré.
Se fue la codorniz y estuvo escardando sola. Volvió la codorniz y le dijo a la zorra:
-Zorrita, zorrita, levántate, que ha llegado el verano y es tiempo de segar.
-No puedo, no puedo, que tengo que criar. Siega tú, que yo acarrearé.
Se fue la codorniz y estuvo segando sola. Cuando ya lo había segado todo, volvió a casa de la zorra y le dice:
-Zorrita, levántate, que es tiempo de acarrear.
-No puedo, no puedo, que a mi cría le doy de mamar. Acarrea tú, que yo trillaré.
Se fue la codorniz y estuvo acarreando sola. Cuando tenía las gavillas en la era, volvió a casa de la zorra y le dice:
-Zorrita, levántate, que hay que trillar.
-No puedo, no puedo, que mi casa tengo que arreglar. Trilla tú, que yo limpiaré.
Se fue la codorniz y estuvo trillando sola. Volvió en busca de la zorra muy tempranito y le dice:
-Zorrita, levántate, que hay que limpiar.
-No puedo, no puedo; limpia tú, y como lo has hecho tú todo, termina, que ya nos entenderemos en la partición.
A la codorniz no le gustó aquella respuesta ni mucho ni poco, pero se fue, limpió el trigo y puso el montón de grano a un lado y el de paja a otro. Claro, el de paja era mucho más grande que el de grano. Luego avisó a la zorra de que podían hacer las partes.
Y cuando estaban ante los dos montones, dice la codorniz:
-Estarás de acuerdo en que me corresponde la mayor parte puesto que el trabajo ha sido mío.
Y le contestó la zorra:
-Tienes razón, comadre codorniz.

Y por eso
lo que digo, digo: para ti la paja
y para mí el trigo.

Y le contestó la codorniz:

-No, zorrita, no.
Lo que yo digo, eso se haga:
para miel trigo
y para ti la paja.

Pero la zorra no aceptó y le dijo a la codorniz que sería peor para ella, porque pensaba quedarse con el grano.
La codorniz se fue muy afligida, llorando para su casa, cuando se encontró con un galgo. Este le preguntó que qué le pasaba y la codorniz se lo contó todo.
-Esa maldita zorra; como yo le eche el diente... -dijo el galgo. Mira, vamos a hacer un trato tú y yo. Conseguiré que te quedes con todo el trigo, si me prometes llenarme la barriga de sopas, de vino y de risas. Tú solo tienes que ir a casa de la zorra y decirle que has aceptado la partición.
Así lo hicieron. La codorniz fue a casa de la zorra, y le dice:
-Zorrita, levántate, que he aceptado tu partición. Para ti el trigo y para mí la paja.
La zorra desconfió de que la codorniz viniera tan de mañana solo para decirle aquello, y se malició que habría escondido parte del trigo en la pajera. Salió de su cueva y dice:
-Pues vamos allá. Cada cual que se lleve su parte.
El galgo se había escondido dentro de la paja, dejando fuera solamente un ojo. Cuando llegaron la codorniz y la zorra, esta se fue derechita a la paja para ver si dentro había trigo o no. Se puso a husmear, cuando de pronto vio el ojo del galgo y dice:
-¡Mira, una uva!
Y dice el galgo:
-¡Déjala, que no está madura!
Dio un salto y se echó sobre la zorra. Le pegó unos cuantos mordiscos y la mató.
La codorniz se puso muy contenta de ver que todo el grano era suyo, y se dispuso a cumplir lo que le había prometido al galgo. Salieron al camino y se toparon con un muchacho que traía una olla de sopas sobre la cabeza. La codorniz se puso delante de él haciéndose la coja y como si no pudiese volar. El muchacho dejó la olla en el suelo y se fue detrás de la codorniz, que echó a volar en cuanto vio que el galgo ya se había comido las sopas. Con la barriga bien llena, el galgo se echó a descansar. Al poco rato vieron venir un arriero con un burro que llevaba un pellejo de vino. Se puso otra vez la codorniz en medio del camino, haciéndose la coja y como que no podía volar, y el arriero, al verla, se bajó del burro. Pero mientras, la codorniz picoteó en el pellejo hasta hacerle un agujero. Por allí empezó a salirse el vino y el galgo bebió todo lo que quiso, mientras el arriero se cansaba de correr detrás de la codorniz.
Con el vinillo y las sopas el galgo ya iba la mar de contento, cuando llegaron a un pueblo y la codorniz se paró en el portal del zapatero. Entró y se subió en la cabeza de la zapatera. Cuando la vio el zapatero, cogió una horma y se la tiró a la codorniz, pero con tan mala suerte que la estrelló en la cabeza de su mujer. El galgo empezó a reírse, hasta que tuvo la barriga llena de risas y la codorniz volvió a la era y se quedó con el trigo... y con la paja también.

0.003.1 anonimo (españa) - 075

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