Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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lunes, 2 de junio de 2014

El zorro y el quirquincho enlazadores .248

Éste que era un Rey que vivía en medio de una selva en su palacio y que tenía un caballo de siete colores. Que el caballo se le había disparado de la noche a la mañana y no podía conseguir quien lo pillara. Entonce que echa proclamas diciendo: «Quien pille el caballo de siete colores se casa con mi hija».
Eso había oído el zorro, que se llamaba Juan, y no hallaba qui hacer. Un día que lo encuentra al quirquincho que se llamaba José y le dice:
-Hola, José, ¿qué hacís?
-Aquí 'stoy buscando qué comer -le dice el quirquincho.
-Che -que le dice el zorro, dice el Rey que quien pille al potro de siete colores se casará con su hija. ¡Caramba! ¿Qué no ti animás, vos, che?
-Yo tal vez lo vuá pillar -que contesta el quirquincho.
Y entonce se va corriendo el zorro y le dice al Rey que el quirquincho ha dicho que va a pillar el potro de siete colores.
Entonce el Rey le dice que vaya a llamar al quirquincho. Y se va el zorro y lo llama. Cuando viene el quirquincho que le dice el Rey:
-¿Quesque usté ha dicho que va a pillar el potro de siete colores?
Y el pobre José, asustado, le dice:
-No, señor, yo nu hi dicho nada.
-Amigo -le dice el Rey, palabra de Rey no puede faltar, haiga dicho u nu haiga dicho, unté me va tráir el potro. Así que elija un cuero, haga un lazo y dentro de quince días me trái el potro, que si no, lo hago matar.
Entonce el quirquincho eligió el cuero y si había ido hacer su lazo. Por áhi, un día, está de llegada el zorro y le dice:
-¿Quí hace, amigo José?
-Aquí 'stoy jodido. Yo no sé qué desgraciao ha 'ido a decir al Rey que mi animo a pillar el caballo de siete colores. ¡Carajo!
-¿Y aura qué va hacer? -dice el Juan.
-Aura vuá hacer mi lazo viendo, viendo mi colita, y vuá pillar el potro.
Entonce Juan dice:
-Yo también vuá hacer el mío.
Y si había ido a pedir cuero y empieza a hacer su lazo, viendo, viendo su cola. Cuando terminan los dos, se van y empiezan a cavar una cueva al lado de la sonda de bajada del potro, uno de cada lao. El zorro que había cavao una cueva derecha no más como es su cueva, en cambio el quirquincho había cavao con vueltas como es la cueva que hace él. Entonces que dice el quirquincho que él iba a enlazar primero, y el zorro no quiere, y dice que él es primero. El quirquincho lo deja. Y ven que ya venía el potro y se aprontan. El zorro si había atado el lazo por media panza, y cuando llega el potro, lo enlaza y el potro lo saca como escupida. Claro, como la cueva era derecha, no se podía afirmar en nada. Y cuando ve que el potro lo lleva a la rastra, empieza a gritar:
-¡Ayudemé, amigo quirquincho! ¡Ayudemé!
¡Qué lo podía ayudar el quirquincho si el caballo lo llevó al campo!
El quirquincho espera unos días que venga el potro, pero como no vuelve se va y le avisa al Rey que el potro no baja, y que cré que el zorro lo ha enlazao porque ha óido unos gritos, y el Rey dice:
-Seguro que el bárbaro de Juan si ha hecho matar con el potro, porque ha pedío cuero para hacer un lazo.
Le 'bía dado cinco días más de tregua en ese tiempo, y había venío el potro, pero muy cosquilloso, y tráia, en la punta 'el lazo, un pedazo del cuero del zorro. Eso era señal que lu había muerto por los campos.
Le tocó al quirquincho enlazar el potro, entonce. El quirquincho se preparó. Había atao su lazo en una ráiz del árbol por bajo la tierra, y lo 'bía enlazao. Y en el primer tirón cayó al suelo el potro, y grita al Rey que vengan a poner el bozal.
El quirquincho se afirmó en las güeltas de su cueva, y cuando si agarra con las uñas que tiene, no lo mueve naide.
Ya vinieron y lo llevaron al potro de siete colores y lo atan en el bramadero, y se casa, con l' hija 'el Rey, el quirquincho.
Hacen una gran fiesta y bailan tres días y tres noches.
Ya también m'hi cansao de bailar y por eso hi acabao mis ojotas.

Y ha pasao por un zapato roto
pa qui usté cuente otro.

Victoria López, 35 años. Ovejería. Santa María. Catamarca, 1952.

La narradora, colla, es pastora en esta pequeña y solitaria meseta situada a 4500 m de altura, rodeada por altas cumbres nevadas. Usa ojotas, la primitiva sandalia de cuero de los indígenas de la Puna, y amplias faldas superpuestas, de telas burdas de lana, tejidas en los telares domésticos. Es el traje típico de la colla de la Puna, que en la actualidad va desapareciendo.

El cuento tradicional argentino tiene una desusada amplitud en boca de esta narradora semianalfabeta, pero inteligente. Es una variante curiosa en la que entran personajes como el Rey y el caballito de siete colores del cuento tradicional.

Cuento 248. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

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