Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

8-2-2015 a las 21:47:50 10.000 relatos y 10.000 recetas

10.001 relatos en tiocarlosproducciones

10.001 recetas en mundi-recetasdelabelasilvia

Translate

lunes, 15 de octubre de 2012

La esposa desobediente .020

Se casó un hombre con una moza muy bonita a quien quería mucho. Y ella era muy holgazana y sólo le gustaba estarse en la cama y no hacer nada. Y los primeros días de casaos, al novio no le importaba y hacía todo lo que su mujer quería. Se levantaba ella a mediodía y en todo el día no hacía maldita la cosa.
Y ya pasaron muchos días y el marido tuvo que salir a labrar su tierra. Y por la mañana, cuando salió por primera vez, le dijo a su mujer:
-Oye, tú, mira que ya se acabaron estos días de recién casaos y ya tengo que salir a labrar la tierra.
Y ella se le agarraba al cuello y le decía:
-¡Anda, no seas tonto! Estáte en la cama otro rato. No te levantes todavía.
Pero él la dijo:
-No; que no puede ser. Tengo que ir a labrar la tierra.
Y se levantó de la cama y le dijo a su mujer:
-Oye, tú, mira que pa medio día vas a llevarme el almuerzo.
-¡Que no y que no! ¡Que no te llevo nada! -con­testa ella.
Y él la dijo:
-No, hija mía, que no es broma. Pa medio día vas y me llevas el almuerzo.
-Pues no te llevo nada. Me voy a quedar a esperar­te muy bonita y todo, pero el almuerzo no te lo voy a llevar.
Se fué él y le dijo:
-Güeno, ya me voy. Y oye bien lo que te digo. A medio día me llevas el almuerzo.
Y se fué.
Conque allá estuvo arando la tierra con los bueyes. Y a medio día les dió la cebada a los bueyes y se puso a esperar a su mujer. Y esperó y esperó, pero ella no fué. Y ya se puso a arar otra vez sin almorzar, y ya temprano se fué pa su casa.
Y cuando llegó, salió su mujer riéndose y se le echó al cuello y le dijo:
-Oye, ¿qué tal te fué? ¿Ves que no he ido a lle­varte la comida? ¿Ves que tu mujercita no hace lo que le dices? Y tú, como me quieres mucho, no te importa, ¿verdá?
Y él la dijo:
-Sí, es verdá que te quiero mucho, pero con esas bromas no vengas, que tengo ya que trabajar y no puedo venir por el almuerzo. Vamos ahora a hacer la cena juntos, y mañana me vas a llevar el almuerzo.
-Que no, que no te lo voy a llevar -le decía ella, y se le echaba al cuello y le besaba.
Conque ya cenaron y se acostaron. Y otro día muy tempranito, despertó el marido y le dijo a su mujer:
-Güeno, hija, ya me voy a levantar.
Y le dice ella en seguida:
-¡No, que no! ¡No quiero que te levantes todavía! Estáte en la cama un poco más.
Pero saltó él de la cama y le dijo:
-Güeno, ya sabes. Hoy a medio día el almuerzo, y sin faltar. Ayer fué la primera vez y no me importa, pero ya hoy tienes que ir. Oye bien.
Y ella empezó a reírse otra vez y a decir:
-¡Que no y que no! No voy a llevarte el almuerzo.
-Que sí me lo llevas, hija mía. Tengo que trabajar y me lo vas a llevar.
Y ella seguía riéndose y desde la cama le gritaba:
-¡Que no y que no! Vas a ver como no te llevo el almuerzo.
Y se fué él y la dijo por última vez:
-No; no vengas con bromas. Hoy a medio día me llevas el almuerzo. Oye bien lo que te digo.
Y se fué con sus bueyes y estuvo arando hasta me­dio día. Y ya les dió la cebada y se puso a esperar a su mujer. Y esperó y esperó, pero ella no vino. Y ya se puso a trabajar por segunda vez sin almorzar. Y por la tarde se fué a casa muy cansao con sus bueyes.
Cuando llegó a casa, salió su mujer otra vez a re­cibirle, riéndose y diciéndole:
-¿Has visto, tonto, como no he ido a llevarte el almuerzo? Pero tú, como me quieres tanto, no te im­porta.
Y se le agarraba al cuello y le abrazaba y le daba besos. Y él la dijo:
-Mira, tú, que es verdá que te quiero mucho; pero estas bromas tienen que acabar. Estas dos veces te las perdono, pero mañana tienes que ir a llevarme el almuerzo, y después todos los días.
Y ella todavía le decía:
-¡Que no y que no! Verás que mañana tampoco te llevo la comida, que a tu mujercita le gusta dormir mucho y tú la quieres mucho.
Y se reía y se reía como siempre.
Conque ya hicieron la cena y cenaron y se acos­taron. Y otro día, despertó el marido ya poco tarde y en seguida dió un salto de la cama. Y ella cuando le sintió, le dijo:
-Tonto, ¿pa qué te levantas tan temprano? Ven a dormir otro rato.
Y él la dijo:
-No puede ser, que ya es tarde. Voy a hacer solo el desayuno como otras veces y me voy a arar la tierra. Y pa medio día vas a llevarme el almuerzo. Ya ahora se acabaron las bromas.
Y ella le dijo:
-Anda, que no me digas eso, maridito mío. Sabes que tu mujercita no va a llevarte el almuerzo.
-Que sí vas -le dijo él. Te lo digo por tercera y última vez. De hoy en adelante tienes que ir a lle­varme el almuerzo todos los días.
Y ella empezó a reírse y a decir:
-¡Que no y que no! Vas a ver como no te lo llevo. Y entonces la dijo él:
-Te digo que me vas a llevar el almuerzo, y si no vas, tú verás lo que te pasa.
Y se fué. Pero ella seguía riéndose y le gritaba:
-;Que no voy a ir! ¡Vas a ver como no voy!
Se fué él con sus bueyes a arar el terreno. Y a medio día les dió la cebada a los bueves, como de costumbre, y se puso a esperar a su mujer. Y esperó y esperó, pero ella no vino. Y ya se puso a arar otra vez hasta que ya era tarde, y entonces se fué pa su casa con sus hueves. Y en el camino cortó una fuerte enrejada y la llevó consigo.
Y llegó a casa y saló su mujer otra vez riéndose y desde lejos le gritaba:
-¿Has visto, tonto. como no he ido con el almuerzo?
Y cuando se le allegaba pa abrazarle, sacó la enre­jada y le arrimó tan fuerte paliza que le rompió un brazo. Y la pobre mujer del dolor cayó a tierra des­mayada.
Y ya la cogió él y la echó en la burra y se fué a buscar un curandero. Y llegó a casa de un curan­dero y al ver ala mujer con el brazo roto, le dijo:
-Pero, hombre, ¿cómo ha pasao esto?
Y ya le contó el labrador todo lo que le había pasao con su mujer. Y el curandero le enderezó bien el brazo y se lo curó y le dijo que ya podía marcharse pa su casa.
Y entonces el labrador le preguntó cuánto le debía. Y el curandero le dijo que medio duro. Y le dió el hombre un duro y el curandero le iba a dar medio duro de vuelta, cuando le dijo el hombre:
-No; quédese usté con el pago pa otro viaje.
Y se fué el hombre pa su casa con su mujer. Y desde ese día en adelante ya fué una mujer muy obediente y le llevaba el almuerzo todos los días.
Y por eso dice la gente: «A la mala maña se le corta un brazo.»

20. Cuento popular

Fuente: Aurelio M Espinosa

003. España

No hay comentarios:

Publicar un comentario