Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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viernes, 1 de junio de 2012

El enano

Anónimo (españa)


Cuento


Había una vez un estudiante que cortejaba a una muchacha muy guapa, pero los padres de la muchacha se oponían a esas relaciones porque el estudiante era pobre. Así que la vida se les hacía cada vez más difícil a los dos y un día, hablando de sus problemas, la muchacha decidió marcharse de casa a escondidas con el estudiante para casarse en una capilla lejana donde nadie los conocería. Así que se pusieron de acuerdo y, a la noche siguiente y a la hora convenida, la muchacha se asomó a su balcón y vio en la sombra a un joven que tenía un caballo por las riendas. Echó su equipaje por el balcón, diciéndole al joven:
-Toma el equipaje y ayúdame a bajar.
El joven tomó el equipaje y lo cargó en su caballo y luego sujetó la cuerda por la que se descolgaba la muchacha, la acomodó en la grupa, montó él y se marcharon.
La muchacha estaba extrañada del silencio del estudiante, que no le dirigía la palabra, pero no dijo nada. Y cuando asomó la primera luz del día, que aún los cogió cabalgando, vio que su acompañante no era su novio sino un joven desconocido y, al darse cuenta de ello, le dijo:
-¡Por Dios, señor, que no es con usted con quien yo me quería ir! ¡No siga, por favor, y déjeme aquí!
El joven la dejó a la vera del camino con su equipaje.
Y estaba ella sola y desconsolada sin saber qué hacer cuando aparecieron unos pastores que se maravillaron al verla, pues les parecía tan bella como una Virgen, y al ver su precariedad se la llevaron con ellos. En el pueblo donde vivían los pastores había un matrimonio sin hijos que aceptó recoger a la muchacha en su casa y la trataron muy bien y con mucho cariño. Ellos no querían que la muchacha se ocupase de las labores del pastoreo, pero ella se empeñó y empezó a salir todos los días al monte con las demás pastoras del lugar.
Aquel pueblo pertenecía a un reino donde vivía un rey en un magnífico palacio. Sin embargo, los vecinos estaban atemorizados desde hacía tiempo por las cosas que ocurrían en el palacio del rey. Y era que, cada noche, una persona del reino tenía que ir a dormir a la habitación de la princesa. Cada día se elegía a una persona por sorteo y, a la mañana siguiente, esa persona amanecía muerta. Nadie sabía a qué se debía esto y causaba gran consternación e infelicidad en el reino.
Y quiso la suerte que un día fuera designada la madre adoptiva de la muchacha para acudir a palacio a dormir en la habitación de la princesa. Y cuando la muchacha se enteró dijo:
-¡No consiento que nadie de esta casa vaya a palacio a dormir en la alcoba de la princesa, pues iré yo!
Y sin más, se presentó en el palacio el día designado.
El rey, cuando la vio, dijo:
-No puedo permitir que muera una joven tan hermosa.
Que vaya a dormir con la princesa la persona a la que designó la suerte.
La muchacha era tozuda y no doblegaba su voluntad fácilmente, de manera que insistió e insistió ante el rey de tal manera y con tanta convicción que, al final, el rey no tuvo más remedio que acceder.
Conque la muchacha subió a la alcoba de la princesa y allí se quedó. Cuando avanzaba la noche, le entró un sueño tan profundo que estuvo a punto de quedarse dormida, pero la muchacha era tan voluntariosa que, decidida a no dormirse para averiguar qué era lo que sucedía durante la noche, consiguió vencer el sueño tras grandes esfuerzos.
Y era ya pasada la medianoche cuando, fingiendo dormir, pudo ver que se abría una puerta secreta y entraba por ella un enano que se dirigió a la princesa y le clavó un alfilerón detrás de la oreja. Y la pobre princesa comenzó a gritar:
-¡Ay, Dios mío, que me queman! ¡Ay, que me abrasan!
Al poco pareció calmarse y entonces se dirigió al enano y le dijo:
-Por Dios te pido que no mates a la muchacha que está aquí acostada.
Y el enano le respondió:
-No puedo complacerte, pues tengo que matarla como a las demás.
Y la princesa insistía:
-No la mates, que es una muchacha muy hermosa.
El enano se acercó al lugar donde dormía la muchacha, la observó unos momentos y luego dijo:
-Ciertamente, es muy hermosa, la más hermosa de cuantas han venido a esta alcoba, así que sólo por eso no la mataré hasta el amanecer.
Luego el enano volvió junto a la princesa e hincó un poco más el alfilerón que le había clavado tras la oreja. La princesa pareció perder el sentido y el enano desapareció por la puerta secreta.
Entonces la muchacha, que lo había estado viendo todo, se levantó a indagar qué había detrás de la puerta secreta. Y como el enano la había dejado entornada, la traspasó con mucho sigilo y se encontró con otra habitación. Y allí estaba el enano escribiendo afanosamente en unos papeles que primero llenaba y luego leía en voz alta y echaba en un caldero que tenía puesto al fuego.
Cada vez que echaba un papel al caldero, salían de éste unas llamas azules y se oía gritar a la princesa:
-¡Ay, que me abraso! ¡Ay, que me quemo!
Por fin el enano se cansó de hacer estos embrujos y se echó a dormir en un camastro que tenía junto al caldero. Y al ver esto, la muchacha se acercó con mucho cuidado y cuando estuvo junto al caldero, lo volcó vertiendo su contenido sobre el enano, que se abrasó y murió allí mismo.
En seguida, la muchacha corrió al lado de la princesa y le arrancó el alfilerón que tenía clavado y la princesa despertó como si viniera de un sueño profundo y sanó inmediatamente.
A la hora en que todas las mañanas recogían el cadáver de la persona que había dormido con la princesa, los criados entraron y encontraron a la muchacha sana y salva junto a la princesa y corrieron a avisar al rey. El rey, una vez que hubo escuchado el relato de lo sucedido de boca de la muchacha, mandó pregonar por todo el reino su hazaña. Y, corriendo de aquí para allá, llegó la noticia a oídos del estudiante, que andaba desesperado buscando a la muchacha. Y en cuanto fue a verla, la muchacha le recibió alegremente y se casaron y aquí terminó su aventura.

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