Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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miércoles, 16 de mayo de 2012

Francisquita

Érase una mujer que se llamaba Francisquita, y un buen día se lamentaba de esta manera: «¡Dios mío! Si yo tuviera una vaquina de leche, sería la mujer más feliz del mundo. ¡Quién me vería a mí cuidar a la mi vaquina!».
En esto pasó por allí Jesucristo y le dijo:
-Vete para tu casa, Francisquita, que allí tienes lo que deseas.
Francisquita fue corriendo para su casa y se encontró con una vaquita pinta y un jatín a su lado.
Al otro día volvió a pasar por allí Jesucristo y le preguntó:
-¿Estás contenta, Francisquita?
-Sí, Señor; pero... pero...
-¿Pero qué?
-¡Nada, Señor! Si yo tuviera una casina propia, ¡qué feliz sería!
-Bueno, mujer, ya tienes lo que deseas.
Y Jesucristo le dio la casa; y al día siguiente le preguntó si estaba contenta., Y ella le dijo:
-Sí, Señor; pero... pero...
-¿Pero qué?
-¡Nada! Que todas mis vecinas andan tan gua­pamente vestidas; si yo tuviera un vestidín para ir a la romería ¡me volvía loca de contenta! ¡Cómo me luciría en él bailando al son de la gaita!
-Anda, vete a tu casa, que allí tienes lo que deseas.
A Francisquita le gustó mucho el vestido, y al día siguiente le preguntó Jesucristo:
-¿Estás contenta, Francisquita?
-Sí, Señor; pero... pero...
-¿Pero qué? ¿Acabarás de una vez?
-Si yo tuviese algunas gallinas pondrían muchos huevos y...
-Vete a tu casa, que allí tienes lo que deseas. Y Francisquita se encontró con un rebaño de gallinas que daba gloria verlas. Pero todavía no se contentó con esto; al día siguiente le preguntó Jesu­cristo:
-¿Estás contenta, Francisquita?
-Sí que lo estoy; pero... pero...
-¿Pero qué? ¿Es que no te contentas nunca?
-Sí, Señor; pero verá usted: ya tengo una vaqui­na, una casina nueva, un vestidín flamante y un rebaño de gallinas; ¡pero estoy tan sola, tan sola!
¡Todas se casan!...
-Bueno; yo haré que encuentres un buen mozo que se case contigo.
Y al poco tiempo se casó con el alcalde del pue­blo. Y le preguntó Jesucristo:
-¿Estás contenta ahora, Francisquita?

-Yo no soy Francisquita,
ni soy Francisqueta,
¡que soy la alcaldesa!

100. anonimo (asturias)


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